[Post rescatado de muuuuy atrás que llevaba en borrador meses]
Esperad que me ponga la Playlist de hoy.... Ya... empecemos...
Hoy vengo a hablar de las cosas de la vida, si, esas cosas normales y corrientes que se presentan de vez en cuando y nos obligan a tomar decisiones en esta vida. No son tan difíciles ¿verdad? Se plantean ante uno varios frentes y hay que elegir uno de ellos, es simple, a veces A o B y a veces podemos llegar a tener hasta la Z con varias sub-categorías.
Para mi cualquier decisión, sea simple o complicada, es difícil. No sé por qué, debe ir en mi naturaleza o algo así, porque siempre termina dándome problemas. Suelo tener controlado este tema, y soy capaz de elegir entre cosas básicas como "qué comer", sino creo que me moriría de hambre un día de estos. Sin embargo, preguntarme dónde comemos puede resultar un problema, porque me gusta todo y no sabría decirte qué quiero.
Soy completamente consciente que eso supone un problema, y ya me ha traído problemas en esta vida en la que todo se quiere ya y ahora. Lo malo es que yo no digo "vamos" yo digo "me gustaría" o un "quiero" de vez en cuando, y mientras yo anoto los "me gustaría" o los "quiero" de otras personas para llevarlos acabo si es posible, me he dado cuenta de que poca gente más lo hace.
El resultado de mi incapacidad de ser precisa en este tema me ha llevado a estar un poco sola en esta vida (junto con otros condicionantes). Tampoco me preocupa, soy bastante introvertida y como tal, disfruto de mi soledad con la misma facilidad que un extrovertido disfruta de una fiesta. Sin embargo me pregunto por qué me resulta tan difícil.
No me martiriza la "otra" posibilidad nunca, considero que tengo unos principios morales determinados y que son lo suficientemente sólidos cuando tienen que serlo y flexibles cuando deben serlo. Tampoco tengo problema en determinar las posibilidades, solo que dentro de mi se activan, en ese momento de indecisión, todas las alarmas. De repente no quiero elegir, porque no quiero tomar la decisión equivocada, no quiero que si alguien va conmigo se moleste o que si es mi decisión luego me arrepienta de haberla tomado. Lo mejor de todo es que sé que nadie se va a molestar conmigo por elegir mal o que si me arrepiento al menos habré aprendido que eso no era para mi.
¿Sabeís qué es lo peor de todo? Que siempre me quedo viendo cómo el tren se marcha. Y ni me arrepiento de no haber tomado la decisión, ni me cabreo por ello. Pero me pone triste.
Tantas oportunidades perdidas, tan poco tiempo...
Esperad que me ponga la Playlist de hoy.... Ya... empecemos...
Hoy vengo a hablar de las cosas de la vida, si, esas cosas normales y corrientes que se presentan de vez en cuando y nos obligan a tomar decisiones en esta vida. No son tan difíciles ¿verdad? Se plantean ante uno varios frentes y hay que elegir uno de ellos, es simple, a veces A o B y a veces podemos llegar a tener hasta la Z con varias sub-categorías.
Para mi cualquier decisión, sea simple o complicada, es difícil. No sé por qué, debe ir en mi naturaleza o algo así, porque siempre termina dándome problemas. Suelo tener controlado este tema, y soy capaz de elegir entre cosas básicas como "qué comer", sino creo que me moriría de hambre un día de estos. Sin embargo, preguntarme dónde comemos puede resultar un problema, porque me gusta todo y no sabría decirte qué quiero.
Soy completamente consciente que eso supone un problema, y ya me ha traído problemas en esta vida en la que todo se quiere ya y ahora. Lo malo es que yo no digo "vamos" yo digo "me gustaría" o un "quiero" de vez en cuando, y mientras yo anoto los "me gustaría" o los "quiero" de otras personas para llevarlos acabo si es posible, me he dado cuenta de que poca gente más lo hace.
El resultado de mi incapacidad de ser precisa en este tema me ha llevado a estar un poco sola en esta vida (junto con otros condicionantes). Tampoco me preocupa, soy bastante introvertida y como tal, disfruto de mi soledad con la misma facilidad que un extrovertido disfruta de una fiesta. Sin embargo me pregunto por qué me resulta tan difícil.
No me martiriza la "otra" posibilidad nunca, considero que tengo unos principios morales determinados y que son lo suficientemente sólidos cuando tienen que serlo y flexibles cuando deben serlo. Tampoco tengo problema en determinar las posibilidades, solo que dentro de mi se activan, en ese momento de indecisión, todas las alarmas. De repente no quiero elegir, porque no quiero tomar la decisión equivocada, no quiero que si alguien va conmigo se moleste o que si es mi decisión luego me arrepienta de haberla tomado. Lo mejor de todo es que sé que nadie se va a molestar conmigo por elegir mal o que si me arrepiento al menos habré aprendido que eso no era para mi.
¿Sabeís qué es lo peor de todo? Que siempre me quedo viendo cómo el tren se marcha. Y ni me arrepiento de no haber tomado la decisión, ni me cabreo por ello. Pero me pone triste.
Tantas oportunidades perdidas, tan poco tiempo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario