Tenía muchas ganas de leer este libro. Llevaba en mi punto de mira desde hacía tiempo, por lo que al verlo en la tienda tenía que venirse conmigo.
Este es un libro en el que te sumerges en cuanto empiezas a leer. El mundo que describe en sus páginas te invita a caminar por él y a percibirlo como un ente real. Echaba mucho de menos que me ocurriera algo así.
Para los lectores de Gaiman que hayan leído Coraline, hay un ambiente similar en este libro. Hay una puerta entre lo que parece el mundo real y ese mundo fantástico lleno de criaturas asombrosas que me descubrió el autor en Coraline, si bien la historia no tiene nada que ver.
Aquí nos encontramos con un hombre adulto que, al volver a una ciudad en la que vivió de niño, empieza a recordar lo que le pasó cuando tenía 7 años, recuerdos que, de alguna manera extraña, había borrado de su mente.
En sus recuerdos aparece una niña, Lettie, es mi personaje preferido de este año, y eso que es un personaje al que no llegamos a conocer tan a fondo como me hubiera gustado, pero esto, en vez de ser un problema, me ha gustado especialmente, porque el personaje ha crecido en mi mente hasta tener vida propia. Estas son las cosas que me gustan de los libros, que sean capaces de hacer esto.
La historia que se cuenta en este libro es oscura, pero no llega a dar miedo. La visión del niño, como niño, es muy acertada, en contraposición con la visión del adulto que lo recuerda. La maldad que vemos en ciertos personajes y las barbaridades que hacen se perciben de manera distinta entre uno y otro y nos permite ver cómo los recuerdos se sienten una vez que pasa el tiempo. El niño tiene miedo de unas cosas que el adulto no teme, y viceversa.
Es un libro que me ha gustado mucho. Mi primer cinco estrellas del año, eso es empezar fuerte.

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