Hoy me gustaría comentar aquí algo que me lleva rondando la cabeza tiempo, en realidad son dos cosas. Una es el chantaje emocional y otra el sentimiento de culpa, en parte ambas están relacionadas, aunque una puede aparecer sin la otra.
El chantaje emocional es algo que aprendemos desde muy pequeños, el bebé que llora porque ha aprendido que si llora, le hacen más caso, es el ejemplo que me viene a la cabeza, aunque en este caso no es realmente "chantaje emocional" porque el bebé no sabe lo que está haciendo, pero con la edad es un comportamiento que se va generalizando.
El que me preocupa es el chantaje emocional de los adultos. Me he encontrado con varios especímenes (uso esta palabra para no distinguir entre hombres y mujeres, no como algo despectivo) que, cuando hacen algo reprochable, usan esta técnica para salir indemnes. Es lo que yo llamo la técnica Homer de "es mi primerito día".
Este comportamiento crea en mi un sentimiento de culpa que crece en modo exponencial. Sé que esto es un problema mío. Tengo una fuerte necesidad de que la gente que interactúa conmigo esté feliz y cuando se usa ese tipo de chantaje, siento que no lo están y me produce una especie de ansiedad.
Mi duda trascendental es si ese comportamiento, si el chantaje emocional como herramienta, es lícito en una relación del tipo que sea. En ocasiones lo usamos pero no somos conscientes de que estamos influyendo sobre los sentimientos de los demás, pero cuando se hace adrede empiezo a considerar que no es un comportamiento ético.
Está claro que todos intentamos beneficiarnos de lo que sea en nuestro camino en la vida, y que si encontramos algo que nos funciona, es muy posible que lo volvamos a usar. Seríamos tontos si no nos aprovecháramos de ello. Pero aquí entra la conciencia y el uso que hagamos de nuestro Pepito Grillo interior.
Hay gente que no tiene escrúpulos y hay gente que tiene demasiados. Parece que lo sano sería estar en un punto medio entre ambos estados escrupulares (toma palabro!), para que los primeros no se aprovechen de uno mismo y no nos sintamos permanentemente coaccionados como los segundos.
Yo sé que tengo que lidiar con mi sentimiento de culpa. Tengo que hacer que las cosas no me afecten cuando realmente no merecen la pena. A veces me preocupo por gente que no se lo merece y lo paso mal "de gratis" como dice un amigo. No es ni justo ni sano para mi, y es algo en lo que tengo que ir trabajando.
El chantaje emocional es algo que aprendemos desde muy pequeños, el bebé que llora porque ha aprendido que si llora, le hacen más caso, es el ejemplo que me viene a la cabeza, aunque en este caso no es realmente "chantaje emocional" porque el bebé no sabe lo que está haciendo, pero con la edad es un comportamiento que se va generalizando.
El que me preocupa es el chantaje emocional de los adultos. Me he encontrado con varios especímenes (uso esta palabra para no distinguir entre hombres y mujeres, no como algo despectivo) que, cuando hacen algo reprochable, usan esta técnica para salir indemnes. Es lo que yo llamo la técnica Homer de "es mi primerito día".
Este comportamiento crea en mi un sentimiento de culpa que crece en modo exponencial. Sé que esto es un problema mío. Tengo una fuerte necesidad de que la gente que interactúa conmigo esté feliz y cuando se usa ese tipo de chantaje, siento que no lo están y me produce una especie de ansiedad.
Mi duda trascendental es si ese comportamiento, si el chantaje emocional como herramienta, es lícito en una relación del tipo que sea. En ocasiones lo usamos pero no somos conscientes de que estamos influyendo sobre los sentimientos de los demás, pero cuando se hace adrede empiezo a considerar que no es un comportamiento ético.
Está claro que todos intentamos beneficiarnos de lo que sea en nuestro camino en la vida, y que si encontramos algo que nos funciona, es muy posible que lo volvamos a usar. Seríamos tontos si no nos aprovecháramos de ello. Pero aquí entra la conciencia y el uso que hagamos de nuestro Pepito Grillo interior.
Hay gente que no tiene escrúpulos y hay gente que tiene demasiados. Parece que lo sano sería estar en un punto medio entre ambos estados escrupulares (toma palabro!), para que los primeros no se aprovechen de uno mismo y no nos sintamos permanentemente coaccionados como los segundos.
Yo sé que tengo que lidiar con mi sentimiento de culpa. Tengo que hacer que las cosas no me afecten cuando realmente no merecen la pena. A veces me preocupo por gente que no se lo merece y lo paso mal "de gratis" como dice un amigo. No es ni justo ni sano para mi, y es algo en lo que tengo que ir trabajando.
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