[Post rescatado de los borradores de hace muuuucho tiempo]
Con este post inauguro una serie de entradas sobre lugares del mundo. Algunos los habré visitado, otros espero visitarlos, y todos serán lugares especiales para mi. Me gusta viajar y no lo hago tanto como quisiera. El dinero es un gran impedimento, pero también lo es no tener coche para cogerlo un día y hacer kilómetros para pasar una noche en cualquier provincia de España.
En este caso, pongamos que hablo de París. He estado en París dos veces, una solo para Disneyland (la segunda), y la otra pateando las calles. París es tan grande, es tan bonita, que no creo que haya tiempo suficiente para disfrutarla entera. Lo mejor de todo es que París no es mi ciudad favorita, y aún así, sé que no me cansaría de ir allí de viaje.
Una de las cosas que tengo pendientes de París es el museo Rodin. No sé por qué, pero de París, con todo el arte que encierra, solo había dos cosas que no me quería perder. La Victoria Samotracia del Louvre y el Beso de Rodin. Tuve que renunciar al segundo porque no había tiempo para todo (por cierto, ahora que lo pienso, tampoco paseé por los Campos Elíseos)
No sé por qué pero hay ciertas esculturas que ejercen en mi ese poder. No quería ver la Monalisa, no, quería ver la escultura de las escaleras (así es como la llamo mentalmente cuando se me olvida su nombre), y me impresionó tanto como esperaba. En este caso, las expectativas fueron ampliamente superadas por la realidad.
En el caso de Rodin, me había leído todo lo que había en las guías del museo y pensaba disfrutarlo. Pero había una exposición de la Segunda Guerra Mundial en los Inválidos y no nos la podíamos perder. Eso no estaría cuando volviéramos (curiosamente, nunca "volveremos"). En este caso me sirve para tener el sueño de que alguna vez volveré a París y veré el museo.
Con este post inauguro una serie de entradas sobre lugares del mundo. Algunos los habré visitado, otros espero visitarlos, y todos serán lugares especiales para mi. Me gusta viajar y no lo hago tanto como quisiera. El dinero es un gran impedimento, pero también lo es no tener coche para cogerlo un día y hacer kilómetros para pasar una noche en cualquier provincia de España.
En este caso, pongamos que hablo de París. He estado en París dos veces, una solo para Disneyland (la segunda), y la otra pateando las calles. París es tan grande, es tan bonita, que no creo que haya tiempo suficiente para disfrutarla entera. Lo mejor de todo es que París no es mi ciudad favorita, y aún así, sé que no me cansaría de ir allí de viaje.
Una de las cosas que tengo pendientes de París es el museo Rodin. No sé por qué, pero de París, con todo el arte que encierra, solo había dos cosas que no me quería perder. La Victoria Samotracia del Louvre y el Beso de Rodin. Tuve que renunciar al segundo porque no había tiempo para todo (por cierto, ahora que lo pienso, tampoco paseé por los Campos Elíseos)
No sé por qué pero hay ciertas esculturas que ejercen en mi ese poder. No quería ver la Monalisa, no, quería ver la escultura de las escaleras (así es como la llamo mentalmente cuando se me olvida su nombre), y me impresionó tanto como esperaba. En este caso, las expectativas fueron ampliamente superadas por la realidad.
En el caso de Rodin, me había leído todo lo que había en las guías del museo y pensaba disfrutarlo. Pero había una exposición de la Segunda Guerra Mundial en los Inválidos y no nos la podíamos perder. Eso no estaría cuando volviéramos (curiosamente, nunca "volveremos"). En este caso me sirve para tener el sueño de que alguna vez volveré a París y veré el museo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario