Hoy me voy a permitir el lujo de hablar de lo que yo denomino la gente avestruz. Os preguntareis qué es ser una persona avestruz, es fácil, todos pasamos por eso en algún momento de nuestra vida (y considero que es incluso sano hacerlo de vez en cuando), y es aquella persona que solo es capaz de pensar en si mismo, es decir, que solo saben mirarse el ombligo (o meter la cabeza en dónde la espalda pierde su casto nombre). El problema no está en este comportamiento, sino en si se convierte en una costumbre o la tónica general de la vida de alguien.
Hace poco he dado con una de estas personas. Le conocí por internet en una de las páginas de contactos que frecuento (y que os hablaré en otra ocasión). Era de los pocos que tenían una conversación más allá de un par de monosílabos y parecíamos compartir una serie de principios morales que hacen que una persona te caiga bien. Sin embargo, lejos de lanzarme sin red le mantuve ahí, me he vuelto demasiado precavida con el tiempo, y sabiendo qué me pueden engañar muy fácilmente (soy así), ya no me dejo llevar por estas primeras impresiones (lo cual no deja de ser triste porque se pierden muchas cosas bonitas de la vida con tanta precaución).
El segundo día que hablé con él ya noté los primeros signos de alarma. Se repetía mucho y solo era capaz de hablar de lo mala que había sido su última ex y de las ganas que tenía de tener pareja y de que le quisieran. No me molestó el tono, me parece bien hablar de las ex y de lo que se quiere en una pareja, pero la repetición continua del mismo tema es lo que me resultó desagradable. Ahí insistió por primera vez en pasar al whatsapp y consideré que era demasiado pronto. Con las señales de alerta de esa obsesión por lo mala que era una persona hice bien en ser precavida.
Pasó la semana sin pena ni gloria. Hice un esfuerzo por ser mucho más sociable de lo que suelo ser (es lo que tiene ser introvertida) y procuré tocar otros temas. Ahí volvió a saltar la alarma. Una y otra vez volvíamos al tema de la ex malvada y supe un dato más que hizo que la alarma sonara un poco más fuerte. Se quejó de que ella no le había escuchado después de una bronca y al profundizar más en esa bronca, él le había devuelto la bofetada que ella le había dado en dicha bronca.
Aquí es dónde debí dejar de hablar con esta persona, pero considero que la gente se puede equivocar y le di otra oportunidad más. Le expuse mi situación, problema de salud grave de un familiar y se ofreció a llevarme a dónde fuera si era necesario. Lo agradecí mucho porque curiosamente no mucha gente es tan amable como para hacer algo así. Pero los dos últimos días que hablamos me ignoró durante todo el día para solo decir una frase excusa al final del día.
Yo ante esa situación esperé a que fuera él el que me hablara. No me gusta agobiar a la gente y ya me ha pasado que en el afán de continuar lo que me parecía una amistad sana, he sido "acusada" de ser plasta. Así que dejo que las cosas "sigan su curso". Eso significó una semana de silencio en la que le vi conectado un par de días, pero sin que me dijera nada.
Ayer por fin, estuvo conectado todo el día sin decirme nada y a última hora le mandé un mensaje para despedirme. Si la persona me ha caído bien lo encuentro normal. Bueno, eso desató el apocalipsis. Básicamente esta persona había estado "fuera" y no había podido escribirme porque no tenía ganas (tardó como 20 minutos de "discusión" en decirme que se había muerto un amigo suyo y su novia), pero que si que se había conectado varias veces para ver si yo le había dejado un mensaje. Él sabía, porque yo si se lo había dicho a él, que iba a pasar toda la semana en el hospital y aún así, no se molestó en preguntar qué tal había ido todo.
Tras dejar de hablar con él me di cuenta de que en todo momento (exceptuando el momento en que se había ofrecido a llevarme a dónde fuera) habíamos hablado de él y su circunstancia, de él y su ex, de él y su búsqueda de trabajo e incluso en la bronca final la culpa era mía porque a pesar de haber pasado la semana en el hospital, tenía que haber sido yo la que le hubiera tenido que ir a decir que qué le pasaba y por qué no me hablaba.
Os he soltado un rollo tremendo (en parte para desahogarme si, lo reconozco), pero en parte para mostraros de forma práctica un ejemplo claro de persona avestruz. No creo que se de cuenta de que lo hace o que, si se da cuenta, se auto-justifica con el "y tú más".
Es un poco triste que haya cada vez más personas así. No es la única que he tenido la desgracia de encontrarme, y sé que no será la última. Que conste que no justifico con ello mis actos, solo quiero dejar claro que hay que tener un poco más de empatía por la otra persona en esta vida.
Hace poco he dado con una de estas personas. Le conocí por internet en una de las páginas de contactos que frecuento (y que os hablaré en otra ocasión). Era de los pocos que tenían una conversación más allá de un par de monosílabos y parecíamos compartir una serie de principios morales que hacen que una persona te caiga bien. Sin embargo, lejos de lanzarme sin red le mantuve ahí, me he vuelto demasiado precavida con el tiempo, y sabiendo qué me pueden engañar muy fácilmente (soy así), ya no me dejo llevar por estas primeras impresiones (lo cual no deja de ser triste porque se pierden muchas cosas bonitas de la vida con tanta precaución).
El segundo día que hablé con él ya noté los primeros signos de alarma. Se repetía mucho y solo era capaz de hablar de lo mala que había sido su última ex y de las ganas que tenía de tener pareja y de que le quisieran. No me molestó el tono, me parece bien hablar de las ex y de lo que se quiere en una pareja, pero la repetición continua del mismo tema es lo que me resultó desagradable. Ahí insistió por primera vez en pasar al whatsapp y consideré que era demasiado pronto. Con las señales de alerta de esa obsesión por lo mala que era una persona hice bien en ser precavida.
Pasó la semana sin pena ni gloria. Hice un esfuerzo por ser mucho más sociable de lo que suelo ser (es lo que tiene ser introvertida) y procuré tocar otros temas. Ahí volvió a saltar la alarma. Una y otra vez volvíamos al tema de la ex malvada y supe un dato más que hizo que la alarma sonara un poco más fuerte. Se quejó de que ella no le había escuchado después de una bronca y al profundizar más en esa bronca, él le había devuelto la bofetada que ella le había dado en dicha bronca.
Aquí es dónde debí dejar de hablar con esta persona, pero considero que la gente se puede equivocar y le di otra oportunidad más. Le expuse mi situación, problema de salud grave de un familiar y se ofreció a llevarme a dónde fuera si era necesario. Lo agradecí mucho porque curiosamente no mucha gente es tan amable como para hacer algo así. Pero los dos últimos días que hablamos me ignoró durante todo el día para solo decir una frase excusa al final del día.
Yo ante esa situación esperé a que fuera él el que me hablara. No me gusta agobiar a la gente y ya me ha pasado que en el afán de continuar lo que me parecía una amistad sana, he sido "acusada" de ser plasta. Así que dejo que las cosas "sigan su curso". Eso significó una semana de silencio en la que le vi conectado un par de días, pero sin que me dijera nada.
Ayer por fin, estuvo conectado todo el día sin decirme nada y a última hora le mandé un mensaje para despedirme. Si la persona me ha caído bien lo encuentro normal. Bueno, eso desató el apocalipsis. Básicamente esta persona había estado "fuera" y no había podido escribirme porque no tenía ganas (tardó como 20 minutos de "discusión" en decirme que se había muerto un amigo suyo y su novia), pero que si que se había conectado varias veces para ver si yo le había dejado un mensaje. Él sabía, porque yo si se lo había dicho a él, que iba a pasar toda la semana en el hospital y aún así, no se molestó en preguntar qué tal había ido todo.
Tras dejar de hablar con él me di cuenta de que en todo momento (exceptuando el momento en que se había ofrecido a llevarme a dónde fuera) habíamos hablado de él y su circunstancia, de él y su ex, de él y su búsqueda de trabajo e incluso en la bronca final la culpa era mía porque a pesar de haber pasado la semana en el hospital, tenía que haber sido yo la que le hubiera tenido que ir a decir que qué le pasaba y por qué no me hablaba.
Os he soltado un rollo tremendo (en parte para desahogarme si, lo reconozco), pero en parte para mostraros de forma práctica un ejemplo claro de persona avestruz. No creo que se de cuenta de que lo hace o que, si se da cuenta, se auto-justifica con el "y tú más".
Es un poco triste que haya cada vez más personas así. No es la única que he tenido la desgracia de encontrarme, y sé que no será la última. Que conste que no justifico con ello mis actos, solo quiero dejar claro que hay que tener un poco más de empatía por la otra persona en esta vida.
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